El liderazgo transformacional es el motor de cambio. Ahora o nunca.

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Desarrollar la capacidad de transformación empresarial es vital para que las empresas puedan sacar el máximo partido de la digitalización.  Sin embargo, esta visión de cambio está muy poco desarrollada en la cultura empresarial. A nuestras pymes les está costando mucho esfuerzo ser estratégicas e impulsar el liderazgo transformacional y el talento necesario para poder afrontar los procesos de cambio. La digitalización es solo la punta del iceberg. Situarse en la economía digital es el fondo de la cuestión.

¿Por qué cuesta tanto cambiar?

En líneas generales, nuestras empresas suelen ser conservadoras tanto en sus análisis como en sus estrategias. Las empresas existen y existirán porque funcionan, y una vez funcionan, es muy difícil que sus directivos pretendan transformar la esencial de su funcionamiento. Cuesta mucho cambiar aquello que no se sabe que hay que cambiar.  Por este motivo, la transformación digital sigue siendo una asignatura pendiente en las empresas españolas. Y aunque la opinión de los directivos es muy positiva en torno a la necesidad de digitalizar sus negocios para aumentar la productividad y la eficiencia, lo cierto es que a nuestras empresas les cuesta dar el paso. En ocasiones, los pasos no se dan en la dirección correcta o, incluso, se abandonan.

La digitalización es un terreno muy conceptual y profundo, y como tal, exigente. Abordar la digitalización con éxito depende de la capacidad para comprender una nueva dimensión, y sobre todo para aceptar nuevos planteamientos en relación a la visión empresarial y al modelo de negocio.

¿Qué está fallando en las empresas?

Sin duda, en las empresas está faltando una mirada más holística de la actividad. Los líderes que las dirigen, han tenido una obsesivo desempeño orientado en la producción y en la eficiencia. En sí mismo, esta obsesión no es mala, más bien es la responsabilidad ordinaria que no pueden eludir si la empresa tiene como misión ser sostenible. Sin embargo, esta obsesión, como cualquier otra, puede impedir que se desarrollen otras dinámicas de pensamiento estratégico y nuevas fórmulas para aportar valor en la industria. La eficiencia obliga a marcar perímetros y a acotar la reflexión. Sin embargo, la observación más allá de ese perímetro y la experimentación estratégica son fundamentales para evolucionar y asegurar la trayectoria empresarial. Por tanto, la empresa está obligada a enriquecer su modelo de gestión mediante la incorporación del liderazgo transformacional necesario para no perder oportunidades. .

¿Tenemos motivos para cambiar?

La respuesta es sí. Sin embargo, la cultura del cambio y el pensamiento crítico no han sido muy bien vistos en nuestro tejido empresarial. La digitalización, por ejemplo, es una materia que no se aborda desde la perspectiva de oportunidad estratégica , sino desde una simple perspectiva de adaptación operativa. Eso, y otras causas de más fondo, hacen que la mayoría de los proyectos de digitalización no saquen el máximo partido. Y este error de cálculo y perspectiva, en cierta forma, sucede porque en muchas empresas todavía no se comprende qué es la digitalización y cómo la economía digital afectará a sus negocios. Y sin comprensión del fenómeno, sencillamente, no puede existir motivo para el cambio ni si quiera imaginar el éxito ante la necesidad de cambiar. No tener motivos para cambiar es el primero de los problemas a solucionar en un proceso de transformación empresarial.

El error de navegar solo en aguas litorales

Simplificar la digitalización es de entrada uno de los primeros errores para abordar el proceso de digitalización con éxito. Se tiende a la simplificación por un simple interés de evitar el miedo. Es más fácil moverse en aguas más conocidas y fáciles de navegar que hacerlo en la inmensidad del océano. No abrir detenidamente el melón de la digitalización es una manera fácil de evitar ataques piratas y de impedir también que el barco encalle en un roca. Sin embargo, la falta de perspectiva es la primera de las piedras fallidas en un proceso de digitalización. El mundo surfea una ola tecnológica que seguirá transformando por completo la arquitectura de nuestra economía y por tanto cambiando la manera en la que se desarrollan los negocios y las organizaciones. Somos emprendedores, pero quizás nos faltan exploradores y aventureros que hagan de la digitalización una oportunidad para conquistar nuevas fórmulas para producir y vender.

Nuestra brecha digital es una realidad

En 2019, Eurostat situó a España en el puesto 22 de 28, en el ranking de empresas de alta intensidad digital. Es decir, vamos por la cola en una lista en la que deberíamos aspirar a ser mucho más. La brecha existente entre nuestras empresas y los nuevos entornos de negocio digitales, tan propensos para innovar, es bastante importante. Nuestra cultura empresarial sigue siendo excesivamente analógica . La gran mayoría de las empresas españolas no ha afrontado la digitalización con la velocidad necesaria ni con el grado de importancia que se requiere. De hecho, el informe de la Comisión Europea arrojaba datos preocupantes en relación a la falta de digitalización de nuestro tejido productivo. El 57% de las empresas españolas tenía un grado de digitalización bajísimo o nulo.

Falta liderazgo transformacional y acción estratégica

A la empresa española le faltan capacidades y los instrumentos más básicos para abordar procesos de digitalización con sentido más estratégico. Nuestra cultura del trabajo es más de sacar el trabajo adelante, que de preguntarse cómo podría evitarse un trabajo ineficiente. A nuestra cultura empresarial le cuesta tomar la iniciativa y desarrollar acciones en materia tecnológica o financiera. Para concebir negocios y organizarlos en esta era y no en la era anterior, las empresas necesitan nuevas perspectivas y un modelo de funcionamiento más estratégico. La digitalización va de eso, de cambiar la manera de pensar y la manera de trabajar. Pero no porque haya que hacerlo, sino porque es la única manera para extraer ventajas. Por eso la digitalización debe ser comprendida desde la perspectiva de nuevo orden económico y, por supuesto, desde la necesidad de repensar el modelo de negocio.

Impulsar la economía del conocimiento

Durante los últimos años de recuperación económica, y con la coyuntura de mayor liquidez y tipos de interés más bajos, la inversión de España en materia de tecnología e innovación se ha estancado. Es comparativamente más baja que la de otros países punteros de la Unión Europea. Nuestros indicadores no son muy buenos y queda muy claro que España necesita profundos cambios. Es necesario impulsar la economía del conocimiento en España, y también es necesario que las empresas implanten la innovación en sus modelos de gestión. Por otro lado, hace falta mucha formación e incentivos para que en las empresas se estimule el liderazgo transformacional y no quedarse estancados en formulas de gestión ancladas en el pasado. La capacitación de los recursos humanos y el desarrollo del talento serán fundamentales para impulsar la transformación empresarial, y el desarrollo de modelos de negocio digitales y evolutivos.

Poderoso caballero es don dinero. Next Generation

España va a contar con más dinero que nunca. Esta es una noticia excepcional y muy buena para España. Porque nuestra transformación será posible si las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, cuentan con el dinero y la tranquilidad económica para poder invertir en iniciativas de transformación. Y desde este punto de vista, el fondo Next Generation EU supone una oportunidad única para financiar cualquier proceso de digitalización. La digitalización, por supuesto, es uno de los ejes más importantes pero también lo será la sostenibilidad y la descarbonización de la economía. Habrá recursos. Lo importante es que además de recursos, España cuente con liderazgo transformacional. Las empresas deben desarrollar la capacidad real para cambiar y poner en marcha iniciativas NEXT.

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